
"First! If I had to get shot, then tenth, eleventh, twelfth - fine. But first. I couldn't believe it. I'd miss out on everything." Richard.- The Beach
terminé the beach. en un par de años lo vuelvo a leer.

como terminé con el juguete rabioso tenía que empezar otro libro, no sea (oh! desgracia!) que me quede con solo dos libros para leer.
empecé a leer un libro que se llama historia argentina con drama y humor, porque hace mucho que vivo en este país de locos que viven, sufren, matan y lloran por una historia que (y lo digo con vergüencita) no conozco… qué hizo cada hombre o mujer que ahora es el nombre de una calle (frase trillada si las hay): no tengo idea.
entonces ése es mi objetivo: averiguarlo.
por otra parte, tengo bastante abandonado el príncipe de maquiavelo por razones prácticas, lo estaba leyendo en la compu pero me quedo ciega, así que lo continuaré cuando lo tenga en versión papel, lo cual espero sea pronto.
con the beach me enfermé mal, al punto de querer encontrar la playa en el mapa. need i say more?
y luego, como un alumno me pidió que le recomiende un librito para leer en su viaje, encontré en el instituto un libro autobiográfico de roald dahl que se llama boy (tales of childhood) y por ahora parece lindo, rápido de leer, infantil (pero bien), así que me parece que we have a winner… recomendable (no lo terminé todavía, obvio, pero va bien)
es una señal. me acabo de iluminar. tal vez toda esta mierda es una señal de que hay que cambiar, hay que hacer algo, tirar una bomba, aunque sea chiquita… es una señal ¿creo en las señales? no estoy segura pero sí sé que nada es casualidad. pero eso no significa que porque algo tenga que pasar vamos a recibir avisos. no, las señales no están conectadas con los eventos en el sentido de la casualidad o no. algo puede no ser casualidad pero sí ser sorpresa….no, no tienen nada que ver una con la otra. me fui de tema…

Por las chatas calles del arrabal, miserables y sucias, inundadas de sol, con cajones de basura a las puertas, con mujeres ventrudas, despeinadas y escuálidas hablando en los umbrales y llamando a sus perros o a sus hijos, bajo el arco de cielo más límpido y diáfano, conservo el recuerdo fresco, alto y hermoso.
Mis ojos bebían ávidamente la serenidad infinita, extática en el espacio celeste.
Llamas ardientes de esperanza y de ensueño envolvíanme el espíritu y de mí brotaba una inspiración tan feliz de ser cándida, que no acertaba a decirla con palabras.
Y más y más me embelesaba la cúpula celeste, cuanto más viles eran los parajes donde traficaba.
Recuerdo...
( ...)
Nada me preocupaba en el camino sino el espacio, terso como una porcelana celeste en el confín azul, con la profundidad de golfo en el zenit, un prodigioso mar alto y quietísimo, donde mis ojos creían ver islotes, puertos de mar, ciudades de mármol ceñidas de bosques verdes y navíos de mástiles florecidos deslizándose entre armonías de sirenas hacia las fúricas ciudades de la alegría.
Caminaba así, estremecido de sabrosa violencia.

